Constructora Ospinas

Historia

 



la fundación - optimismo empresarial

La hipótesis de que las crisis económicas despiertan el espíritu empresarial y la    capacidad de innovación la confirman las historias de muchas empresas en Colombia y en el mundo. Precisamente, en medio de la Gran Depresión en los años treinta, en 1932 se creó la Sociedad Tulio Ospina y Cía. de Medellín, que continuó con los negocios familiares que desde 1918 lideraba Tulio Ospina Vásquez (1857-1921). La empresa tenía actividades muy diversificadas (construcción, ladrilleras, inmobiliaria, obras civiles, minería, agricultura y ganadería) a las que se vincularon sus hijos Tulio, Mariano y Francisco Ospina Pérez. Después de la muerte del fundador, la sociedad se expandió. Tulio Ospina Pérez (Medellín, 1900-1983) ingresó a la firma en 1923, luego de terminar sus estudios de ingeniería en la Universidad de California. Al año siguiente, con su hermano Mariano, también ingeniero, abrió el departamento de construcción en la empresa. Las operaciones marcharon bien hasta 1932, año en que la sociedad familiar debió reestructurarse a causa de la crisis.

El fundador, hijo del expresidente Mariano Ospina Rodríguez, era quizás el ingeniero más importante de Antioquia. Se destacaba además como empresario, educador y político. Su hermano, el también ingeniero Pedro Nel Ospina, fue empresario y presidente de la república en el período 1922-1926. Tres generaciones de esta familia integran una de las dinastías más influyentes en la historia política y empresarial del país. No sólo aparecen en la creación y orientación del Partido Conservador por más de cien años, sino en tres mandatos presidenciales a los que llegaron democráticamente.

En lo económico, los Ospina conformaron una de las fortunas familiares más grandes del país, acumulada en actividades mineras, industriales y agropecuarias1. Los hermanos Ospina Pérez registraron en la Notaría Primera de Medellín, por escritura pública N° 105 del 19 de enero de 1934, una especie de filial de Tulio Ospina y Cía. para operar en Bogotá con la dirección del socio Mariano Ospina Pérez (1891-1976) y Lucio Zuleta Ferrer2. Desde 1930 Mariano Ospina, que se había convertido en el vocero del país rural cafetero, comandaba junto con Juan Zuleta —fundador del periódico El Colombiano— y su hermano Lucio, el conservatismo antioqueño.




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La familia Ospina incursionó en la construcción porque, al igual que Bogotá, Medellín presentaba un auge extraordinario de su economía en los años veinte, que se reflejaba en el sostenido crecimiento urbano. Los capitales acumulados durante la bonanza económica de los años veinte condujeron a sectores del empresariado colombiano, que no fueron tan afectados por la crisis económica de 1930, a invertir en nuevos negocios o a desarrollar algunos de los existentes.

La localización distante de un puerto marítimo, un aletargado desarrollo urbano a lo largo del siglo 19 —tal como lo indicaba la pobreza, muy extendida en la ciudad— y la falta en la altiplanicie de un producto clave de exportación que la conectara al mercado mundial fueron obstáculos que debió enfrentar Bogotá para crecer. Pero algunas ventajas, como ser el mercado regional más grande del país, sede de todo el cuerpo diplomático y, por ende, ciudad internacional por excelencia, centro principal del aparato de gobierno y cercanía a zonas de tierras templada y caliente para proveerse a bajo costo de alimentos y minerales, eran condiciones favorables para potenciar su avance. Por tanto, desde principios del siglo 20 la capital se presentaba como un escenario de oportunidades para todo tipo de empresas.

Las áreas urbanas crecieron de manera formidable en Colombia en los años veinte (24% entre 1925 y 1930), al igual que la demanda ante el mejoramiento del ingreso3; la red ferroviaria pasó de 1.166 kilómetros en 1914 a 2.434 en 1929. Bogotá creció hacia el norte, donde se desarrollaron el sector de San Diego y Chapinero, hacia el occidente Santa Isabel y hacia el sur Las Cruces y San Cristóbal. La población ascendió de 144.000 en 1918 a 237.000 en 1930, en momentos en que empezaban a entrar con fuerza los automotores, la radiodifusión y el avión.

El rápido crecimiento de la ciudad y la celebración del cuarto centenario de la fundación de Bogotá motivaron al presidente Olaya Herrera a elaborar un plan regulador del desarrollo futuro de la capital del país, propuesta acogida por su sucesor, Alfonso López Pumarejo. Al efecto se contrató al urbanista austriaco Karl Brunner (1889-1960), quien aparte de introducir innovaciones en los conceptos urbanísticos y arquitectónicos formó un cuerpo profesional en la Universidad Nacional que le dio un viraje radical al urbanismo, la arquitectura y la construcción, no sólo en Bogotá sino en todo el país.

Brunner hizo un diseño que buscaba una ampliación ordenada de la malla urbana, un mejoramiento de la circulación mediante el trazado de vías anchas y un control de los usos del suelo según la destinación residencial, comercial, industrial y gubernamental. La compañía Tulio Ospina y Cía., de Bogotá, acogió plenamente las propuestas del Plan Brunner, administradas por el Departamento de Urbanismo de Bogotá, coordinador oficial de las obras conmemorativas del cuarto centenario. Una de las más emblemáticas fue el célebre paseo Bolívar.


Con la fundación del Banco Central Hipotecario (1932), especializado en la financiación de vivienda, se respondía al inusitadocrecimiento demográfico y al gran déficit de vivienda en el país. Así, el gobierno incentivó el crédito hipotecario y las industrias relacionadas con la construcción (ladrillo, cemento, acero, vidrio, madera y cerámica) como una manera de reactivación económica. Paralelamente, se crearon o se expandieron las firmas de arquitectura y construcción.

Entre las firmas de arquitectos activas en Bogotá se destacaban Herrera Carrizosa Hermanos, Alberto Manrique Martín, Guerra Galindo y Compañía, Michelsen y Villalobos, Ferreira Álvarez y Cía., Cuéllar Serrano Gómez, Rocha Santander y Cía., Casanovas y Manheim, y varias más4. La organización de un sistema de crédito hipotecario era prerrequisito para fundar una empresa urbanizadora. El BCH y la Caja de Crédito Agrario, creada como iniciativa legislativa de Ospina Pérez, fueron dispositivos institucionales que complementaron el desarrollo de las propuestas de la Misión Kemmerer (1923), que propiciaron la creación del Banco de la República. Ambos bancos oficiales no sólo brindaban los recursos para comprar casa, sino que apoyaban los esfuerzos de las entidades religiosas y el empresariado industrial, preocupados por la construcción de vivienda. Así, con un plan regulador que formuló reglas de juego para ordenar el desarrollo urbano, un evidente déficit de vivienda, disponibilidad en ascenso de infraestructura de servicios públicos (electricidad, acueducto y transportes), un avance de la industria de materiales de construcción, entidades financieras fomentadas por el gobierno para atender al sector inmobiliario y una superación de la gran crisis económica, entre otros factores, se crearon las condiciones para que Tulio Ospina y Cía. iniciara en Bogotá, desde 1934, grandes proyectos alrededor de la recién inaugurada avenida Caracas, acogiendo las propuestas de Brunner. Nuevos barrios residenciales, como Teusaquillo, El Nogal, El Retiro, La Magdalena, Quinta Camacho, Los Rosales, La Merced, Palermo, Santa Fe, Alfonso López, Marly, El Recuerdo, Bosque Calderón Tejada, entre otros, nacieron gracias a la labor de compañías como Urbanización Palermo S.A., Urbanización Bosque Calderón Tejada S.A. (1934), Urbanización El Recuerdo (1935) y Urbanización Santa Fe S.A. (1937), en que Tulio Ospina y Cía. era socio mayoritario y encargado de las obras5. Todas se realizaron en un contexto de recuperación del país, gracias a los aciertos de Olaya Herrera y López Pumarejo en el manejo de la crisis económica y sus efectos.


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Durante este evidente desarrollo de la actividad urbanizadora, la entrada en plena vigencia del Plan Regulador de Bogotá diseñado por Brunner y el desabastecimiento de artículos manufacturados y maquinaria que causó la segunda guerra mundial (1939-1945), la firma Tulio Ospina y Cía. S.A. fue disuelta, dando lugar a dos nuevas empresas a principios de 1939: Ospinas & cía. s.a., a cargo de Mariano Ospina y Zuleta Ferrer, con domicilio en la capital y con los derechos y obligaciones de la recién disuelta sociedad Tulio Ospina y Cía. de Bogotá, y Ospina Mesa Restrepo, domiciliada en Medellín y liderada por Tulio Ospina Pérez, que se enfocó en la construcción, el cálculo estructural y las obras civiles; se liquidaría en 1944.

En adelante, Tulio Ospina y Cía. de Bogotá entró en una etapa muy activa de negocios, urbanizando por cuenta propia o a través de la participación accionaria en otras sociedades. La más destacada fue la del sector de La Soledad, donde la familia Ospina establecería, además, su residencia.

Cuando Ospina Pérez asumió la presidencia de la república  (1946-1950), Lucio Zuleta Ferrer se posesionó en la gerencia de la urbanizadora y la junta directiva aprobó la directriz según la cual Ospinas & cía. s.a. se limitaría a cumplir los compromisos adquiridos, absteniéndose de asumir nuevos durante el mandato presidencial.

Luego de los sucesos del 9 de abril de 1948, el presidente Ospina nombraría al comerciante, urbanizador e industrial Fernando Mazuera como alcalde de Bogotá para efectuar la reconstrucción de la ciudad7. Además del acuerdo de congelar las actividades de Ospinas & cía. s.a., es posible que la incertidumbre que desató el Bogotazo (1948), el caótico gobierno de Laureano Gómez y la dictadura de Rojas Pinilla desmotivaran las inversiones, dados los altos riesgos generados por la confusa situación política. Pese a las grandes oportunidades que creó la reconstrucción de Bogotá, Ospinas & cía. s.a. no participó en el desarrollo de proyectos para evitar, por una parte, las suspicacias de la oposición y de la opinión pública, y por otra, acatar los férreos escrúpulos de Ospina Pérez, que implantó la política empresarial de evitar negocios con el Estado.

Es muy evidente en la historia de Ospinas su actividad, netamente orientada a la urbanización privada. Tal orientación se afirmaría para responder a la gran magnitud de los cambios económicos y sociales que experimentará el país desde los años cincuenta, con la imparable modernización de su infraestructura. Las propuestas de Le Corbusier, traído a Bogotá por el gobierno de Ospina durante la primera alcaldía de Mazuera, las complementó la Misión del Banco Mundial, liderada por el economista canadiense Lauchlin Currie (1949).

Las propuestas de Le Corbusier eran más de corte urbanístico, como por ejemplo la extensión de las principales avenidas (Américas y la Autonorte), mientras que las de Currie apuntaban más a asesorar al gobierno sobre la planificación económica general del país. Precisamente aportaron los argumentos para la erección de Bogotá en Distrito Especial (1954), previendo su futura macrocefalia urbana y su acelerado crecimiento. Currie consideraba inútil luchar contra el gigantismo de las grandes ciudades en América Latina porque a mayor concentración demográfica, menos costosa y más eficiente la dotación de infraestructura, algo así como el concepto de las economías de escala. Esta racionalidad explica por qué los gobiernos, nacional y distrital, llevaron a cabo con velocidad la dotación de servicios públicos de energía, acueducto, alcantarillado, telefonía, salud, educación y movilidad urbana.

Las grandes represas alrededor de las ciudades fueron otro punto a favor, expresión de lo sugerido por la misión del Banco Mundial. Desde el gobierno de Ospina Pérez hasta hoy, la política económica colombiana se ha centrado en desarrollar el país con base en el sector industrial y la urbanización, esta última muy integrada a los sectores financiero y social, por sus nexos con el empleo y la solución de vivienda, asuntos en los que Currie volverá a insistir como gestor de la upac (1972) y del plan de Las cuatro estrategias del gobierno Pastrana (1970-1974).


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Según lo acordado, Ospinas & cía. s.a. entró en un período de receso durante los cuatro años del gobierno de Mariano Ospina Pérez. Sólo hizo tres proyectos, uno de los cuales tuvo mucho de social, el Seminario Mayor (1943) en El Chicó, para la Arquidiócesis de Bogotá. En 1950, Mariano Ospina regresó a la firma como asesor financiero, técnico y económico, cargo que el gerente Lucio Zuleta estimó necesario para reactivar la empresa. Ésta recuperó así su dinámica, pues del total de quince proyectos efectuados entre 1955 y 1960, los más importantes fueron los dos con los cuales se inició la urbanización de las 200 hectáreas de El Chicó, entre las calles 88 y 116 y los Cerros Orientales y la autopista Norte. Ospinas urbanizó y vendió la zona más extensa jamás construida en la ciudad, concebida de acuerdo con las reglas más estrictas del urbanismo moderno, que contemplan hasta el menor detalle para comodidad de sus habitantes.

Semejante avanzada de la compañía hacia el norte de la ciu dad se realizó entre 1955 y 1972. Era el más grande proyecto privado llevado a cabo hasta entonces en la ciudad.

La transformación de Bogotá desde mediados de los años cincuenta es afín con su estructura burocrática y presupuestal. Su gobierno es el más grande y mejor dotado en personal técnico y recursos, al tiempo que su planificación es muy controlada10, y en ella prestan su concurso organismos públicos, mixtos y privados de apoyo como la CAR11, la Cámara de Comercio de Bogotá, la mayoría de los gremios profesionales que tienen en ella su sede nacional (como Fedelonjas), y las más importantes empresas municipales de servicios públicos del país. En este contexto, Ospinas & cía. s.a. tuvo su período de mayor brillantez, como lo indican el número y el tamaño de sus proyectos. Mientras de 1940 a 1955 sólo realizó 14, entre 1956 y 1970 ejecutó 50,algunos de gran envergadura como Las Américas, Ciudad Montes, El Chicó y Muzú.



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El gran crecimiento llevó a la junta directiva de Ospinas, en 1956, a concluir que su condición de sociedad anónima no se compadecía con su carácter eminentemente familiar. Por unanimidad, la asamblea extraordinaria de socios aprobó transformarla en compañía limitada y, en consecuencia, ajustar los estatutos. La nueva concepción y organización del negocio fue tan radical como la de 1940. Sin embargo, los socios mantuvieron los conceptos urbanos que regían casi todos los proyectos inspirados generalmente en Brunner y Le Corbusier, la estrategia de buscar socios en cada proyecto de urbanización para mitigar los riesgos y la necesidad de fortalecer la integración vertical con operadoras de maquinaria, fábricas concreteras y de asfaltos, firmas comercializadoras, etc.

En efecto, el manejo de la tierra, a través de la asociación con empresarios y propietarios de terrenos que se integra van como socios en cada proyecto aportando inmuebles para urbanizar o lotear, le permite no sólo atender sus obras en toda la ciudad, sino acceder a nuevas tierras con asociados interesados en que Ospinas asumiera el control y aplicara su experiencia. Esta fórmula, sin embargo, propició una inflación de los proyectos, desbordando la capacidad de la sociedad familiar. Sus dueños debieron refinanciar la empresa para enfrentar su expansión. En 1958 entraron varios socios, como Tequendama de Inversiones y Promociones Ltda., al igual que la Corporación Financiera Colombiana de Desarrollo Industrial, Industrial Eléctrica Ergo Ltda. y otros inversionistas privados. La considerable participación de estos nuevos socios implicaba para la familia Ospina perder el control de la empresa. De un capital casi familiar de $400.000 en 1945, la firma pasó a más de $4 millones en 1960 con la entrada de los nuevos socios; de un objeto social que privilegiaba la urbanización, se adicionó la construcción, y de una gerencia general (administrativa y técnica) se cambió a la figura de presidencia, sólo que con el control del mismo Lucio Zuleta, que desde 1959 tendría el apoyo de un arquitecto como gerente técnico, un nuevo sistema contable acorde con la nueva magnitud de la empresa y una dependencia encargada de la campaña publicitaria para promocionar su nueva actividad como constructora.

El crecimiento y las rápidas transformaciones en materia de objeto social produjeron una tremenda crisis de identidad que se resolvió con una redefinición de sus funciones. El presidente Lucio Zuleta se preguntaba en 1960 qué era y qué debía ser Ospinas: “¿Urbanizadora, constructora, simple vendedora de lotes urbanizados…?”. Para resolver el dilema se contrató un estudio de consultoría con Mariano Ospina Hernández para determinar la situación de la firma, de la vivienda en Bogotá y de las operaciones en 1960. Al final, se propuso definir la empresa como un “equipo humano  especializado en la prestación del complejo servicio que se resume en la palabra Urbanismo”, es decir, “… desde la preparación directa e indirecta de planos de ingeniería y de diseño urbano hasta la elaboración de reglamentos de utilización de terrenos, estudio de demanda de finca raíz, creación de sistemas de promoción, planeamiento y supervisión de obras de ingeniería civil, sanitaria y eléctrica, servicio de operación contable y financiera, etc.”. En conclusión, urbanizar y construir. Los vientos de ajuste interno se expresaron en la propuesta de Ospina Pérez de concretar otra recapitalización y convertir de nuevo la firma en sociedad anónima.



Desde 1960, la competencia creció porque las demás empresas también se expandían y porque surgieron otras compañías urbanizadoras y constructoras. La entrada de inversionistas elevó a veinticuatro el número de socios y de proyectos. La complejidad alcanzada conllevó innovaciones para un manejo eficiente. En 1967, por ejemplo, fue la primera empresa privada colombiana que utilizó el computador en la gestión administrativa, al contratar los servicios del equipo IB M de la Universidad de los Andes, donde se llevaba su contabilidad. El éxito logrado condujo a Ospinas en 1968 a organizar su propio Departamento Computarizado de Estadísticas. El traslado de sus oficinas ese mismo año al edificio Internacional, su capacidad constructora, la calidad y cantidad de sus urbanizaciones, pusieron a la compañía a la vanguardia en el sector.

Los años sesenta marcan también la disputa por el suelo urbano, cada vez más costoso y escaso debido a la confusión en la normatividad que se presentó por entonces, a los límites en la cobertura de servicios públicos y al crecimiento incesante de la demanda de vivienda, oficinas y centros comerciales.

Densificar en altura se empezó a convertir paulatinamente en norma, en proyectos masivos o individuales. Algunos ejemplos fueron la torre de oficinas en la calle 26 con carrera 13 (1962) y la segunda etapa de Ciudad Montes (1968), que era una construcción de multifamiliares en altura. Ospinas también propuso esta idea para un proyecto de estrato alto, al norte de la ciudad, en el terreno perteneciente al Castillo Camacho, ubicado en la calle 72 sobre el costado oriental de la carrera séptima.

La escasez y el alto costo de la tierra urbana azuzaron el debate interno en la empresa sobre las características de los proyectos. En 1967, cuando se empezó a pensar en la construcción de Bosque de El Retiro, la discusión la animaron quienes preferían menos edificios y más zonas verdes —pues el cemento asfixiaba la ciudad— y quienes veían esas zonas como un despilfarro y un mal negocio. Triunfó el punto de vista de los ambientalistas y en el futuro Ospinas se seguiría preocupando por añadir más zonas verdes en urbanizaciones y planes de vivienda. Este debate se presentó paralelamente con el de convertir o no la firma en sociedad anónima abierta, como lo había propuesto Mariano Ospina en 1960. Nueve años después, las acciones de Ospinas por fin fueron inscritas en la Bolsa de Valores de Bogotá. Fue la estrategia para capitalizar que llegó en momento oportuno para enfrentar la expansión que se veía venir para el sector con motivo de la reforma urbana y las propuestas de campaña a la presidencia entre 1969 y 1970, que aludían fuertemente al sector de la construcción para dinamizar la economía.

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El largo ciclo bajo la upac


Efectivamente, en este panorama, el sector de la construcción cobró un ímpetu formidable. Ospinas aprovechó, como casi todas las urbanizadoras y constructoras del país, las políticas de fomento de la construcción. Una estaba basada en la Ley de Reforma Urbana y otra en el fomento al empleo y el ahorro, contemplado en el plan de Las cuatro estrategias, del gobierno Pastrana, que dio origen a la Unidad de Poder Adquisitivo Constante (upac), establecidas en 1972.

Los otros sucesos en este período se relacionan con la crisis económica de 1982-1983, el traumático paso del modelo proteccionista al de libre mercado (1989-1991), la participación de los grandes capitales ilegales en la construcción, la fracasada política de vivienda sin cuota inicial durante el gobierno Betancur y su remplazo por la de Vivienda de Interés Social (vis) subsidiada. Se destaca que Colombia fue uno de los pocos países de Latinoamérica donde el sector de la construcción reactivó su economía, pese a la recesión mundial de los años ochenta, conocida como la década perdida.

A continuación se desglosarán todos estos temas.

Desde 1972, Ospinas & cía. s.a. dejó en el pasado los proyectos de 200 hectáreas, como El Chicó. Debió reducir sus proyectos a un máximo de dos hectáreas y pasar de las exitosas cédulas hipotecarias al upac, bajo el cual se hicieron gigantescos proyectos de multifamiliares como El Castillo Camacho, entre otros. Para atenuar el daño que en la vida social de Bogotá produjeron los vacíos reglamentarios de la Ley de Reforma Urbana, la empresa respondió con su política de producir vivienda “con rostro humano”, enfatizando en que “no sea sólo un bien inmueble, sino un hogar”. Por su parte, el sector de la construcción, en armonía con la expansión urbana, elevó su participación del 17% del PIB en 1938 a 21% en 1984 a 14%. Entre los años ochenta y noventa, Bogotá y su área de influencia representaron un tercio de la producción económica del país. Se trataba de la región más poblada, más urbanizada, menos pobre, más escolarizada y más dinámica económicamente. Su supremacía se soporta en condiciones internas —un mercado local grande—, gracias a las que tiene más posibilidades de desarrollo económico. La respuesta de Ospinas frente a la reducción en áreas urbanizables fue el desarrollo de megaproyectos.



En 1989 se asoció con Olímpica para realizar un proyecto de envergadura en el plano inmobiliario: un gran centro comercial en el antiguo Hipódromo de Techo, denominado Plaza de las Américas, inaugurado en 1991. Otro megaproyecto fue Salitre Plaza Centro Comercial, ejecutado en alianza con Cadenalco y Conconcreto y ubicado en la nueva zona de desarrollo de la ciudad denominada Ciudad Salitre. Así mismo, frente a la proliferación de barrios piratas y pese a las tendencias degradantes, evidentes en los proyectos de vivienda social entre los años setenta y noventa, basadas en la ilegalidad y la búsqueda feroz de la rentabilidad, en los proyectos de Ospinas prevalecieron las zonas verdes y la calidad constructiva de la vivienda para todos los estratos. Ejemplo de ello fueron El Ferrol, al sur, o Bosque de Medina, al norte de Bogotá.

Luego de su participación en proyectos de renovación urbana como San Façón (1983) o Parque Central Bavaria (1988), adquiere en 1992 junto al Banco de Crédito y Suramericana, varios terrenos en Ciudad Salitre, con el propósito de construir el CEM que complementaría el gran Centro Internacional de Bogotá, concebido en 1962. El CEM es sede de un centro de convenciones y edificios de oficinas que albergan a algunas de las empresas más grandes del país. El consorcio Ospinas-Suramericana previó la construcción de una galería comercial y de servicios básicos (oficinas bancarias, restaurantes, cafeterías, centros de copiado, correos y notarías) para atender las necesidades de las mismas empresas, empleados y usuarios del sector, con el fin de evitar las omisiones que en su momento tuvo la concepción del Centro Administrativo Nacional (CAN) en 1955. El CEM se convirtió en el primer complejo de oficinas con todos los servicios complementarios.

Paralelamente, Ospinas, Cadenalco y Conconcreto se unieron para desarrollar el Salitre Plaza Centro Comercial en el centro geográfico de Ciudad Salitre, cerca de la avenida El dorado, como columna vertebral del sector. Salitre Plaza permitió a la firma, expresar toda su capacidad innovadora en los productos arquitectónicos en materia de centros comerciales en el país, como los parques cubiertos con diferentes ambientes para reducir la sensación de encierro; y la circulación horizontal y vertical (ascensos y descensos) entre los diferentes niveles para hacer más fluida y agradable la circulación de los visitantes, entre otras. La concepción contempló el modelo de centro comercial en que se integran espacios de encuentro social y cultural, como nueva expresión de urbanismo y arquitectura de comercio y trabajo. Se inauguró en 1996.

A las anteriores realizaciones se suma, en 1994, la apertura de una nueva fase en su historia, consistente en la internacionalización de sus actividades al crear el Plan Maestro de la ciudadela comercial El Recreo en Quito (Ecuador). Además de las alianzas con las citadas empresas antioqueñas para desarrollos en Ciudad Salitre, en 1993. Poco después, en 1996, Ospinas & cía. s.a. adquirió Inversiones Bogotá S.A., acción que ocurrió poco antes que el sector de la construcción, al igual que la economía colombiana, entrara en una fase de crisis.



El largo ciclo bajo la upac


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El ciclo descendente de la actividad constructora entre 1995 y 1999 lo muestra el área licenciada en el país, con reducción del 55%: pasó de 16,5 millones de m2 a 7,4 millones. Sólo en vivienda, que abarca el segmento más grande del sector, se pasó de 12,3 a 5,5 millones de m2. La participación de la construcción en el total del empleo urbano bajó de 7,6 en 1994 a 5,8 en 1997. En pesos constantes de 2003, la banca hipotecaria tuvo pérdidas de más de $1 billón en 1998, de casi $2,5 billones en 1999 y de $550 mil millones en 2000 (Superintendencia Bancaria). Esta crisis también afectó a Ospinas, que debió acogerse en el 2000 a la Ley 550 de reestructuración empresarial.

Para paliar la crisis, el Congreso aprobó la Ley de Vivienda que daba por terminada la upac y la sustituía por la UVR. Sin embargo, en los juzgados proliferaron juicios ejecutivos originados por cientos de firmas constructoras que quebraron y más de 750.000 casos por cobros de bancos a deudores (El Tiempo, 4-03-2007). Las alzas y bajas repercutieron sensiblemente en el empleo profesional y de baja calificación, el crédito hipotecario y las industrias relacionadas con la producción y comercialización de materiales de construcción.Los saldos de la cartera hipotecaria colombiana en pesos corrientes crecieron dramáticamente hasta 1998, año en que alcanzaron su récord (en millones de pesos).

La empresa superó con éxito el proceso de reestructuración y los bancos acreedores se convirtieron en un valioso baluarte que trabajó coordinadamente con la presidencia  hasta 2006 para sacar adelante la empresa. La firma a partir de 2004 desarrolló proyectos de vivienda como Balcones de San Diego, Santa María del Restrepo, Parques de Tibaná, Monteazul y la culminación del Conjunto Residencial La Esperanza y El Portal de Pinar, vivienda de interés social que desarrolló en conjunto con la constructora Urbansa S.A.




Durante este período la compañía se fortaleció en el desarrollo de centros comerciales en la ciudad de Bogotá y repitió el éxito de éstos en ciudades como Cúcuta con Ventura Plaza Centro Comercial, Buga con Buga Plaza Centro Comercial, Facatativá con Nova Plaza Centro Comercial y Cartagena de Indias con Caribe Plaza Centro Comercial; así mismo, participó en la ampliación y desarrollo de una nueva etapa del Centro Comercial Alamedas del Sinú en la ciudad de Montería e incursionó en renovación urbana en Barranquilla con el proyecto Estación Central. En Bogotá desarrolló Plaza Imperial en sociedad con Constructora Colpatria S.A., Tintal Plaza acompañado por la sociedad Emezeta S.A., conformada por la familia Mazuera Gómez; Milenio Plaza, en sociedad con la constructora  Soluciones Inmobiliarias S.A.; el desarrollo de la terraza de comidas en el Centro Comercial y de Negocios Andino, y Plaza Mayor, en el municipio de Chía en sociedad con la constructora Prabyc Ing. Ltda.

Así mismo, se desarrolló en Bogotá el proyecto más grande del país en área vendible, Centro Mayor Centro Comercial, ubicado en Villa Mayor, zona cuyo urbanismo y construcción los consolidó la firma Luis Carlos Sarmiento Angulo, socio del proyecto, y quien estuvo a cargo de la gerencia junto con una de sus filiales Construcciones Planificadas S.A. El diseño de este Centro Comercial estuvo a cargo de Contexto Urbano S.A., que participó también como socio del proyecto. Otro de los socios fue Arquitectura y Concreto S.A., firma encargada de su construcción, y Ospinas & Cía. S.A. aportó su experiencia, innovación y éxito en centros comerciales como socio, liderando la gerencia comercial del proyecto.

En el nuevo siglo, la recuperación sostenida de la economía fortaleció al sector de la construcción y viceversa, convirtiéndose en una de las actividades que más aportaron al crecimiento del PIB entre 2004 y 2007. El último censo de hogares registró un crecimiento urbano frente al rural sin precedentes en la historia del país, lo cual planteó una demanda creciente de vivienda e infraestructura, que permite augurar el continuo fortalecimiento de la compañía a partir del 2004.


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